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BoletinesPor: Daniela Toledo Vásquez 16 de septiembre 2026

Analiza la tensión en Copacabana y sus comunidades (en especial Marka Kosco) entre la valoración turística de lo indígena y el reconocimiento de las personas indígenas como interlocutoras políticas. Con experiencias recogidas entre julio y septiembre de 2026, pregunta quiénes asumen el costo de reproducir la vida, quiénes son escuchados como sujetos políticos y cómo están los tejidos organizativos.

Conviven dos visiones del territorio: la que lo reduce al turismo y la que reconoce la vida comunitaria y productiva fuera de ese circuito. Lo aymara resulta aceptable solo si ofrece productos, sale en la foto o presta servicios, pero no si plantea demandas propias; esto se agrava con la edad y la racialización. El encarecimiento de la vida obliga a reorganizar prioridades de forma desigual, y las redes transfronterizas con el lado peruano ayudan a sostener lo cotidiano. Las mujeres señalan el control masculino y la necesidad de espacios propios de reunión; incluso una mujer acomodada reporta dificultades para ser escuchada. Con el estado de excepción y el desgaste posterior a los bloqueos de mayo, las reuniones comunitarias han disminuido, lo que debilita la circulación de la palabra y aumenta la desconfianza. Como horizontes aparecen el turismo rural comunitario, saberes locales (piscicultura, producción ecológica) y encuentros entre mujeres, con la pregunta guía de qué condiciones permiten vivir, ser escuchadas y participar.

La crisis tiene tres dimensiones: socioeconómica (canasta familiar, diésel, el «esperen, esperen» burocrático), político-sindical (fractura entre evismo y disidencia, «dedazo», pugnas de cúpula) e institucional (cierre de instancias como el INRA y falta de interlocución estatal). La resistencia hoy es de supervivencia: resistir a la división, resistir como mujeres y resistir frente al gobierno, con un costo desigual, pues quien protesta desde la agricultura arriesga cosechas y seguridad alimentaria. La autonomía implica romper con las decisiones tomadas «en antesala», con la dependencia de las organizaciones de varones y con el miedo a pensar por cuenta propia. Se describe la violencia política de género (información ocultada, presiones, amenazas de remoción) y avances cotidianos concretos.